Tibú se consolida como el segundo municipio con mayor superficie de palma de aceite en Colombia. Esta posición adquiere un significado profundo ante el persistente panorama de inseguridad regional. El dinamismo de este municipio se sustenta en 1.706 productores, quienes manejan un promedio de 22 hectáreas por parcela. Esta particular estructura agraria diferencia a Tibú de otras regiones palmeras, apoyándose principalmente en la resiliencia de la economía familiar. Para el sector palmicultor, el caso de este municipio nortesantandereano representa mucho más que un éxito financiero o productivo. Simboliza una demostración de que, en los territorios históricamente golpeados por el abandono estatal, las comunidades prefieren la legalidad. “Quiero rendir un homenaje muy especial a las familias palmicultoras de esta región que han creído en la tierra y resisten con dignidad la presión de los grupos armados ilegales”, manifestó Nicolás Pérez Marulanda, presidente ejecutivo de Fedepalma. El dirigente gremial reflexionó sobre cómo, mientras otros núcleos palmeros basan su expansión en medianas o grandes corporaciones, Tibú edificó su desarrollo sobre pequeños campesinos que hallaron en este cultivo una alternativa de vida estable, digna y formal. Resiliencia en el Catatumbo Este logro social resalta aún más al examinar el entorno geográfico. El Catatumbo enfrenta desde hace décadas intensas disputas territoriales, restricciones viales y escasa inversión, factores que limitan estructuralmente el progreso de otras actividades agrícolas y comerciales de la zona. Norte de Santander posee actualmente 50.999 hectáreas sembradas, de las cuales Tibú concentra 36.987. Del crecimiento registrado recientemente en el departamento, este municipio aportó 5.336 hectáreas, asumiendo el 75% de la expansión total, según los indicadores de Fedepalma. Mauricio Vargas, gerente de Palnorte, atribuye este notable arraigo a la armonía entre las condiciones naturales y el esfuerzo humano. “Disponemos de excelentes lluvias, luminosidad óptima y, sobre todo, agricultores con una inquebrantable vocación hacia la tierra”, explicó. El directivo empresarial sugirió que el verdadero potencial de la región sería sustancialmente mayor si no estuviera condicionado por la violencia. “Seríamos indiscutiblemente el primer municipio productor si dispusiéramos de un entorno de paz absoluta”. A pesar de las dificultades cotidianas, la agroindustria no detiene su marcha. El departamento opera hoy con seis plantas extractoras que mantuvieron una producción favorable, superando incluso los retrasos logísticos causados por alteraciones intermitentes del orden público local. “Este cultivo es sumamente noble y nuestros productores demuestran una fortaleza admirable”, añadió Vargas. Los agricultores han aprendido a sortear la adversidad, protegiendo con paciencia el sustento diario de miles de hogares rurales que dependen de la actividad. El líder sectorial planteó la necesidad de que el gobierno nacional implemente créditos de largo plazo orientados al ciclo biológico del cultivo. Asimismo, insistió en optimizar las condiciones de seguridad y realizar inversiones urgentes en la red vial. La conectividad terrestre sigue siendo el desafío más crítico. Un viaje de apenas sesenta kilómetros puede tardar cinco horas; aun así, los campesinos del Catatumbo persistirán sembrando esperanza y defendiendo la legalidad como respuesta definitiva ante la histórica adversidad.
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Tibú, segundo municipio de Colombia con más palma de aceite
La sustitución voluntaria y el arraigo de las economías campesinas marcan el éxito del modelo agrícola en este convulso municipio de Norte de Santander.