Norte de Santander dispone de una ventana de preparación antes de que el fenómeno de El Niño despliegue sus efectos más intensos. Julio marca el inicio de una etapa decisiva para adoptar medidas que reduzcan riesgos sobre los principales sistemas productivos del departamento.
Aunque junio registró lluvias suficientes para conservar humedad en buena parte del territorio, los pronósticos advierten que durante julio y agosto aumentarán las temperaturas y disminuirán las precipitaciones, especialmente en el norte y centro, donde se concentra buena parte de la producción agrícola.
El Boletín Agroclimático de Norte de Santander advierte que la transición hacia condiciones de El Niño alcanza una probabilidad del 92% durante el trimestre junio-agosto, escenario que favorecerá temperaturas superiores al promedio y una disminución progresiva de las lluvias hasta comienzos de 2027.
Las proyecciones indican incrementos entre 0,5 y 2 grados Celsius en las temperaturas máximas y mínimas durante julio, mientras agosto podría superar los dos grados sobre los valores normales en municipios del norte y centro, incrementando el riesgo de estrés hídrico para los cultivos.
El panorama representa una alerta para actividades agrícolas como cacao, café, arroz y palma de aceite, cuya productividad depende del equilibrio entre humedad, temperatura y disponibilidad de agua durante etapas críticas del desarrollo de las plantas y la formación de frutos.
Prepararse antes del verano
Dan Leonard, director para América de MetDesk, considera que Colombia llega mejor preparada que en otros episodios de El Niño, gracias a las lluvias registradas en los últimos meses, las cuales permitieron conservar una reserva importante de humedad en los suelos agrícolas.
El experto explica que el calentamiento del océano Pacífico apenas comienza a acoplarse plenamente con la atmósfera, razón por la cual los efectos más notorios sobre las lluvias empezarán a consolidarse entre julio y agosto, cuando disminuya la influencia de sistemas atmosféricos que todavía favorecen precipitaciones.
Leonard señala que esa condición ofrece un margen valioso para que agricultores y autoridades fortalezcan acciones preventivas antes de enfrentar un periodo más cálido y seco, reduciendo la exposición de los cultivos a pérdidas derivadas del déficit hídrico y las altas temperaturas.
En Norte de Santander, los municipios de Tibú, Sardinata y El Zulia concentran importantes áreas sembradas de palma y cacao, mientras el valle del río Zulia reúne parte de la producción arrocera. En la zona andina destacan Toledo, Salazar, Pamplonita, Cácota y Mutiscua por su actividad cafetera.
Las Mesas Técnicas Agroclimáticas (MTA) recomiendan aprovechar las lluvias que todavía puedan registrarse durante julio para realizar fertilizaciones y aplicaciones fitosanitarias, debido a que la reducción de humedad limita la absorción de nutrientes y disminuye la eficiencia de las labores agronómicas.
En cacao, el riesgo principal se concentra sobre la floración y el desarrollo de las mazorcas. La menor disponibilidad de agua reduce la formación de frutos, limita el llenado de los granos y favorece la aparición de plagas e insectos durante el periodo seco.
También sugieren conservar cobertura vegetal alrededor de los árboles, almacenar agua disponible antes del verano intenso, ejecutar podas mientras exista humedad suficiente y mantener un monitoreo permanente de plagas, enfermedades y disponibilidad de fuentes alternas para riego.
En café, las altas temperaturas pueden acelerar el estrés hídrico durante el llenado del fruto y afectar la calidad del grano. En arroz, una menor oferta de agua incrementa la presión sobre los sistemas de riego y exige mayor eficiencia en su administración.
Para la palma de aceite, la disminución prolongada de lluvias puede afectar el desarrollo de racimos y reducir los rendimientos productivos, en plantaciones sembradas en zonas cálidas del Catatumbo y el valle del río Zulia, donde el déficit hídrico suele manifestarse primero.
Las amenazas identificadas para Norte de Santander incluyen sequías, incendios forestales, pérdida de humedad en los suelos, aumento de temperaturas, erosión, fuertes vientos y cambios en el comportamiento de plagas y enfermedades, condiciones que incrementan la vulnerabilidad del sector agropecuario.
El boletín agroclimático también aconseja fortalecer el monitoreo permanente de pronósticos climáticos, alertas hidrológicas, niveles de los ríos y avisos por incendios forestales, herramientas que permiten anticipar decisiones sobre siembras, cosechas, manejo del agua y protección de los sistemas productivos.
Para los expertos, la principal ventaja del departamento consiste en que el periodo más crítico aún no comienza. Convertir ese margen de tiempo en acciones concretas de adaptación será determinante para reducir el impacto que El Niño podría generar sobre la producción agropecuaria durante el segundo semestre de 2026.